Brasil votó, pero todavía no decidió
Por Ricardo Chong Ruiz
Director Editorial de Sufragio
Brasil volvió a demostrar que en América Latina las elecciones ya no se explican únicamente desde la vieja división entre izquierda y derecha. Se explican también desde el hartazgo, la identidad, el miedo, la esperanza y, sobre todo, desde la capacidad de convertir esos sentimientos en participación electoral.
La primera vuelta presidencial dejó frente a frente a Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. Más allá de los porcentajes, el resultado dibuja un país profundamente dividido y obliga a observar con atención lo que sucederá durante las semanas previas a la segunda vuelta.
Porque ésta ya no será simplemente una elección entre dos candidatos.
Será una disputa entre dos relatos de Brasil.
De un lado está Lula, un político que ha marcado buena parte de la historia reciente del país y cuya campaña deberá convencer a millones de brasileños de que la continuidad de su proyecto todavía puede representar estabilidad, protección social y futuro.
Del otro aparece Flávio Bolsonaro, heredero de uno de los movimientos políticos más importantes y polarizantes de la última década brasileña, intentando transformar el bolsonarismo en una fuerza capaz de sobrevivir electoralmente más allá de la figura de Jair Bolsonaro.
Pero existe un tercer protagonista que probablemente será determinante: el brasileño que no votó.
Millones de ciudadanos se abstuvieron en la primera vuelta. En una elección cerrada, movilizar una parte de ese electorado puede ser tan importante como conquistar a quienes respaldaron a candidatos que quedaron fuera de la contienda.
Ahí comienza otra elección.
La primera se disputó durante meses.
La segunda tendrá apenas unas semanas.
Y cuando el tiempo se reduce, la política cambia.
Los programas pierden espacio frente a las emociones. Los matices desaparecen. Los errores cuestan más. Cada declaración puede convertirse en tendencia y cada video puede alcanzar a millones de personas antes de que una campaña tenga siquiera tiempo para reaccionar.
La batalla electoral brasileña será también una batalla digital.
WhatsApp, Instagram, TikTok, YouTube y las redes de creadores de contenido tendrán nuevamente un papel central en la construcción de percepciones. No necesariamente porque sustituyan al territorio, sino porque hoy territorio y pantalla forman parte de un mismo ecosistema político.
Ese fenómeno no pertenece exclusivamente a Brasil.
Es una fotografía de lo que está ocurriendo en buena parte de América Latina.
Las campañas tradicionales todavía existen, pero cada vez resulta más difícil ganar solamente con estructuras partidistas, espectaculares, mítines y spots. El elector contemporáneo recibe política mientras conversa con su familia, mira un video, escucha un podcast o revisa mensajes en su teléfono.
Y en ese espacio se construyen reputaciones, se amplifican errores y se disputan emociones.
Por eso la segunda vuelta brasileña merece ser observada más allá de nuestras simpatías ideológicas.
Brasil está poniendo sobre la mesa una pregunta que recorrerá muchas de las elecciones latinoamericanas de los próximos años:
¿Qué pesa más cuando una sociedad está polarizada: convencer al adversario o movilizar a quienes ya están dispuestos a creer en tu proyecto?
Lula y Bolsonaro tendrán que responderla en las urnas.
Uno tendrá que demostrar que todavía puede ampliar su coalición electoral.
El otro tendrá que demostrar que el apellido Bolsonaro puede convertirse nuevamente en mayoría nacional.
Mientras tanto, millones de brasileños tendrán la última palabra.
Porque las campañas pueden construir narrativas, las encuestas pueden medir tendencias y las redes sociales pueden amplificar percepciones.
Pero al final existe un lugar donde toda estrategia se encuentra con la realidad:
la urna.
Y Brasil todavía no ha dicho su última palabra.
Resumen y contexto
Resumen (clic para ver)
Brasil votó, pero todavía no decidió Por Ricardo Chong Ruiz Director Editorial de Sufragio Brasil volvió a demostrar que en América Latina las elecciones ya no se explican únicamente desde la vieja división entre izquierda y derecha. Se explican también desde el hartazgo, la identidad, el miedo, la esperanza y, sobre todo, desde la capacidad de convertir esos sentimientos en participación electoral. La primera vuelta presidencial dejó frente a frente a Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. Más allá de los porcentajes, el resultado dibuja un país profundamente…










