Alejandra Morales: El poder de pensar diferente
“La política no tiene que ser como yo la conocí”
De las calles de San Nicolás de los Garza a las responsabilidades del servicio público estatal, Alejandra Morales ha construido una trayectoria marcada por la vocación social, las rupturas con las estructuras tradicionales del poder y una convicción que mantiene vigente: la política puede ejercerse de otra manera. En entrevista con Sufragio, habla de sus orígenes, de las decisiones que cambiaron su carrera y de los principios que orientan su vida pública.
Una vocación que comenzó en casa
Antes de los cargos públicos, de las campañas electorales y de las decisiones que marcarían su trayectoria política, Alejandra Morales conoció el significado de servir a los demás a través del ejemplo familiar. Creció en San Nicolás de los Garza, Nuevo León, en un entorno donde el trabajo, la solidaridad y la participación comunitaria formaban parte de la vida cotidiana. Su padre comenzó como obrero y llegó a desarrollarse profesionalmente como ingeniero; su madre, sin ocupar un cargo de gobierno, participaba activamente en las necesidades de las escuelas y de su comunidad. Aquellas experiencias terminarían por convertirse en los cimientos de su visión del servicio público.
A sus 37 años, Alejandra Morales pertenece a una generación de mujeres que ha tenido que abrirse camino en estructuras políticas, tradicionalmente dominadas por hombres, enfrentando las exigencias profesionales sin renunciar a las responsabilidades familiares. Politóloga egresada de la Universidad Autónoma de Nuevo León y con estudios de posgrado en Comunicación, comenzó su formación práctica a los 16 años como voluntaria en el Congreso estatal. Desde entonces, su carrera ha transitado por el Poder Legislativo, la administración municipal, la participación ciudadana y el ámbito estatal.
Sin embargo, su historia no ha sido una sucesión lineal de responsabilidades institucionales. En 2014 decidió apartarse del servicio público, decepcionada por prácticas políticas que, según relata, contradecían los principios con los que había iniciado su carrera. La experiencia la llevó a cuestionar las relaciones de poder en su municipio y a buscar otros espacios de participación; cuatro años después, una candidatura independiente le permitió regresar a la competencia electoral y poner a prueba su convicción de que era posible construir alternativas fuera de las estructuras partidistas tradicionales.
Hoy, desde sus responsabilidades en el DIF Nuevo León, Alejandra Morales reivindica la importancia de una administración pública capaz de traducir las decisiones institucionales en beneficios concretos para las personas. En conversación con Ricardo Chong, para Sufragio, reflexiona sobre el arraigo territorial, la maternidad, los costos personales de la política y los desafíos de ejercer el poder sin perder de vista su propósito original: servir.
Las raíces de una identidad
Sufragio (SFG): Has construido una trayectoria dentro de la administración pública, pero hay algo que parece definirte, incluso antes que cualquier responsabilidad institucional: tu identidad como nicolaita. ¿Qué representa San Nicolás de los Garza en tu historia personal y política?
Alejandra Morales (AM): San Nicolás es mi origen, mi historia y el lugar donde decidí construir mi vida; ahí nací, crecí y formé mi familia. Tengo un sentido de pertenencia muy profundo porque me tocó ver cómo se transformaba el municipio y cómo sus habitantes participaban en ese proceso.
Hay algo que distingue a los nicolaitas: somos personas trabajadoras, participativas y orgullosas de nuestra comunidad. Los gobiernos han contribuido al desarrollo de San Nicolás, pero estoy convencida de que su principal fortaleza está en la gente.
Crecí viendo a generaciones que construyeron su patrimonio y que encontraron en su municipio un lugar para permanecer. Esa historia colectiva también forma parte de mi identidad. Para mí, San Nicolás no es solamente el lugar donde vivo, es el espacio desde el cual entiendo la importancia de involucrarse en los asuntos públicos.
SFG: En tu historia familiar aparecen dos referentes muy claros: la disciplina laboral de tu padre y la participación comunitaria de tu madre. ¿De qué manera esas enseñanzas terminaron convirtiéndose en una vocación política?
AM: Mi padre me enseñó el valor del trabajo y del compromiso. Comenzó como obrero y, con esfuerzo, logró desarrollarse hasta convertirse en Ingeniero. Era una persona profundamente dedicada a sus responsabilidades. Recuerdo jornadas muy largas porque para él era importante supervisar, personalmente, cada detalle de su trabajo.
De mi madre aprendí algo que considero todavía más importante para mi vida pública: la responsabilidad que tenemos frente a quienes viven en condiciones menos favorables.
Ella nos enseñó que tener estabilidad familiar, un hogar al cual regresar y la posibilidad de cubrir nuestras necesidades representa también una obligación moral. No se trata necesariamente de tener mucho dinero, sino de reconocer que existen personas que no cuentan con las mismas oportunidades.
Mi mamá nunca necesitó ocupar un cargo público para involucrarse en los problemas de su comunidad: Participaba en las escuelas, buscaba apoyos y gestionaba mejoras. Con el tiempo comprendí que aquélla era también una forma de ejercer el servicio público, aunque no existiera un nombramiento de por medio.
SFG: Hablas de la vocación como una responsabilidad que se aprende y se practica. ¿Consideras que esa convicción debería ser una condición indispensable para quienes ocupan cargos públicos?
AM: Para mí es fundamental. Siempre me he definido como politóloga de profesión y servidora pública de vocación, porque considero que son dos cosas distintas.
La formación académica proporciona conocimientos y herramientas para comprender las instituciones, pero la vocación determina la manera en que utilizamos esas herramientas.
Hay personas que llegan al gobierno porque encuentran una oportunidad laboral y cumplen determinadas funciones administrativas, eso es parte del funcionamiento institucional, pero el servicio público debería significar algo más.
Implica entender que las decisiones tienen consecuencias en la vida de las personas y que detrás de cada trámite, programa o responsabilidad existe alguien que espera una respuesta.
El aprendizaje del poder
SFG: Comenzaste a involucrarte en la política a los 16 años, cuando muchos jóvenes apenas están definiendo sus intereses profesionales. ¿Qué encontraste en el Congreso de Nuevo León que terminó por orientar tu carrera?
AM: Encontré una escuela extraordinaria, ingresé como voluntaria porque quería conocer de cerca el funcionamiento de las instituciones, permanecí tres años en esa condición y a los 19 tuve mi primera oportunidad laboral.
El Congreso me enseñó que la política también consiste en construir acuerdos entre personas que piensan diferente; ahí conviven ideologías, partidos e intereses diversos, pero existen asuntos que deben resolverse porque representan un beneficio para la sociedad.
Aprendí a negociar, organizarme y comprender la importancia de los procedimientos legislativos. También entendí que no basta con identificar un problema; hay que encontrar los mecanismos institucionales para resolverlo. Durante mucho tiempo consideré aquella experiencia como el mejor trabajo de mi vida, precisamente por todo lo que aprendí.
SFG: Desde esa experiencia temprana hasta la actualidad, ¿qué transformación observas en la manera de ejercer la política y construir acuerdos?
AM: Creo que hemos perdido parte del respeto que antes existía entre quienes sostenían posiciones distintas. Recuerdo una dinámica en la que los debates podían ser intensos, incluso con señalamientos y cuestionamientos muy fuertes, pero había una separación entre la confrontación política y las relaciones personales. Las diferencias se discutían en la tribuna y después existía la posibilidad de conversar, reconocer argumentos o encontrar coincidencias.
Hoy percibo una confrontación que con frecuencia rebasa esos espacios, y eso dificulta la construcción de consensos, porque cuando las diferencias se convierten en conflictos personales, resulta mucho más complicado encontrar soluciones: La política necesita recuperar la capacidad de dialogar sin exigir que todos pensemos igual.
La ruptura con el sistema
SFG: Después de pasar por el Congreso, el DIF municipal y la oficina del alcalde de San Nicolás, tomaste una decisión que parece contradictoria con tu vocación: abandonar el servicio público. ¿Qué ocurrió para que una mujer formada, dentro de las instituciones, decidiera apartarse de ellas?
AM: Llegó un momento en el que las prácticas que observaba dejaron de coincidir con lo que yo entendía que debía ser la política.
Había estudiado a los grandes pensadores políticos y me había formado con determinados principios sobre la responsabilidad pública. Sin embargo, cuando conoces de cerca ciertas dinámicas de poder, descubres que la realidad puede ser muy distinta.
No fue una decisión sencilla porque, prácticamente, había crecido dentro de ese ambiente. Desde los 16 años había construido relaciones personales y profesionales vinculadas con la política, pero tuve que preguntarme si quería continuar participando en situaciones con las que no estaba de acuerdo. Finalmente decidí apartarme. Mi último cargo de aquella etapa fue en 2014 y no volví a ocupar una responsabilidad pública hasta 2021.
SFG: Has señalado que tu salida también estuvo relacionada con prácticas de control político dentro de San Nicolás. ¿Qué fue lo que más te decepcionó de aquellas estructuras?
AM: Me decepcionó descubrir hasta qué punto determinadas estructuras pretendían influir en decisiones que deberían pertenecer exclusivamente a la vida personal.
Desde mi experiencia, existían grupos que buscaban controlar no solamente las decisiones políticas, sino también aspectos relacionados con las relaciones personales, la familia e incluso la manera de vestir. Me parecía difícil de comprender que esas prácticas pudieran existir en una sociedad como la nuestra.
También observé contradicciones importantes, personas que durante años habían mantenido posiciones políticas completamente opuestas que terminaron estableciendo alianzas. Todo aquello me llevó a cuestionar las dinámicas internas del poder y a tomar distancia de un entorno en el que ya no me sentía identificada.
SFG: Romper con una estructura política puede representar, también, perder relaciones, oportunidades y espacios de influencia. ¿Cuál fue el costo personal de aquella decisión?
AM: Fue un proceso complicado porque descubrí que algunas relaciones, que consideraba amistades, estaban condicionadas por la pertenencia a determinado grupo. Cuando decides separarte, también descubres quiénes permanecen cerca de ti y quiénes se alejan. En mi caso, llegué a sentir que existía una lógica, según la cual, si no formabas parte de una estructura, automáticamente eras considerado su adversario.
Incluso, cuando decidí emprender un negocio de alimentos, opté por buscar una ubicación fuera de San Nicolás porque temía enfrentar represalias administrativas.
Aquella experiencia me hizo reconsiderar muchas cosas, pero también reafirmó mi decisión de no participar en dinámicas con las que no estaba de acuerdo.
SFG: Después de una experiencia así, sería comprensible perder la confianza en la política, sin embargo, mantuviste la intención de regresar. ¿Qué convicción sobrevivió a ese desencanto?
AM: La convicción de que las cosas pueden hacerse de otra manera.
Sé que puede parecer una utopía, pero una de mis mayores aspiraciones es demostrar que la política no tiene que ser como yo la conocí. No creo que debamos aceptar determinadas prácticas simplemente porque siempre se han hecho de esa manera.
Es difícil enfrentarse a estructuras consolidadas y cuestionar dinámicas que llevan muchos años funcionando, pero considero que vale la pena intentarlo.
Para mí, la política debe ofrecer la posibilidad de transformar realidades, no solamente de reproducir relaciones de poder: El desafío de competir sin partido.
SFG: En 2018 decidiste participar en una candidatura independiente. Después de haberte alejado de las estructuras tradicionales, ¿qué representó volver a competir electoralmente sin el respaldo de un partido?
AM: Representó la oportunidad de comprobar que era posible construir una alternativa.
Mi primera jefa en el Congreso del Estado decidió involucrarse en el movimiento de candidaturas independientes y me invitó a participar. Inicialmente pensé que se trataba de colaborar con su proyecto, pero la propuesta era que yo misma fuera candidata a diputada. Fue una decisión importante porque los requisitos para una candidatura independiente son muy exigentes y no cuentas con la estructura tradicional de un partido, sin embargo, decidí asumir el desafío.
Necesitábamos reunir 1442 firmas y logramos conseguirlas en seis días, con el apoyo de familiares, amigos, vecinos y muchas jornadas de trabajo en territorio.
Finalmente, entre once candidatos, terminé en cuarto lugar. Considerando las condiciones en las que competimos, fue una experiencia que valoro mucho. Más allá del resultado, me permitió demostrarme que existían otras formas de participar.
SFG: ¿Qué cambió en tu visión de la política, después de experimentar una campaña desde fuera de las estructuras partidistas?
AM: Comprendí con mayor claridad la importancia del contacto directo con las personas.
Cuando no tienes una estructura partidista detrás, necesitas construir confianza a partir de las relaciones personales, del trabajo y de la disposición de la gente para acompañarte. La obtención de firmas fue una experiencia muy significativa porque implicó caminar, hablar con vecinos y explicar por qué queríamos participar.
También fue una etapa que me permitió conocer a personas que, posteriormente, serían importantes dentro de mi trayectoria, entre ellas Samuel García. Pero, sobre todo, me confirmó que la participación política no tiene por qué limitarse a los espacios tradicionales: Ser mujer, madre y servidora pública
SFG: Tu trayectoria también se desarrolla en un escenario donde las mujeres enfrentan exigencias particulares para participar en la vida pública. ¿Cuál ha sido el desafío más complejo de conciliar tu carrera con tu vida familiar?
AM: Creo que uno de los mayores desafíos es la culpa que muchas mujeres experimentamos cuando tenemos que distribuir nuestro tiempo entre las responsabilidades profesionales y nuestros hijos.
Soy mamá de dos niños pequeños, aunque tengo una red de apoyo extraordinaria, particularmente en mi esposo y mi familia, siempre existe la sensación de que podría dedicarles más tiempo. Procuro estar presente en sus actividades importantes, no quiero perderme sus festivales, sus partidos ni los momentos que forman parte de su crecimiento.
Al mismo tiempo, tengo responsabilidades profesionales que requieren tiempo y dedicación. Creo que muchas mujeres de mi generación crecimos con una idea muy arraigada sobre el papel de la familia, y eso hace que encontrar un equilibrio sea un proceso constante.
SFG: ¿La maternidad ha modificado tu manera de entender las necesidades sociales y las responsabilidades de las instituciones?
AM: Definitivamente. Ser madre te permite observar muchas situaciones desde una perspectiva distinta.
Por ejemplo, ahora valoro mucho más el esfuerzo que hacía mi mamá para involucrarse en nuestras escuelas. Ella estaba al pendiente de las necesidades de los salones, de los apoyos que hacían falta y de las actividades que podían mejorar las condiciones de los estudiantes. Yo misma estudié, durante una etapa, en escuelas públicas y conozco la importancia que tienen para muchas familias.
Hoy entiendo mejor las preocupaciones de los padres y las madres que buscan oportunidades para sus hijos. Por eso considero tan importante prestar atención a las necesidades de las escuelas públicas y de las comunidades que requieren mayor acompañamiento.
El servicio público como responsabilidad social
SFG: Actualmente participas en el DIF Nuevo León y recientemente realizaste gestiones ante la Beneficencia Pública. ¿Cómo se traduce esa visión del servicio público en acciones concretas?
AM: Una parte fundamental consiste en generar coordinación entre instituciones para que los apoyos puedan llegar a quienes los necesitan.
Precisamente, durante mi visita a la Ciudad de México tuvimos la oportunidad de avanzar en un acuerdo de colaboración con la Beneficencia Pública para facilitar aparatos auditivos y prótesis de rodilla y cadera. La intención es coordinar esfuerzos con la Secretaría de Salud de Nuevo León, de manera que cada institución aporte los recursos y capacidades que le corresponden.
Creo que ahí está una parte muy importante del servicio público: Entender que las dependencias no deben trabajar de manera aislada cuando existe la posibilidad de sumar esfuerzos. Al final, lo relevante no es qué institución se atribuye un resultado, sino que las personas puedan recibir la atención que necesitan.
SFG: A lo largo de tu trayectoria has conocido distintas facetas del poder: La formación legislativa, la administración municipal, la participación independiente y las responsabilidades estatales. ¿Qué principio consideras indispensable para no perder el rumbo?
AM: No olvidar por qué decidiste involucrarte en el servicio público.
Para mí todo comienza con una enseñanza familiar muy sencilla: Si tienes la posibilidad de ayudar a alguien, tienes la responsabilidad de hacerlo. La preparación profesional y la experiencia institucional son importantes, pero deben estar al servicio de ese propósito.
También creo que necesitamos recuperar la capacidad de dialogar, construir acuerdos y reconocer que las diferencias políticas no deberían impedirnos trabajar por objetivos comunes.
Mi convicción sigue siendo la misma: demostrar que las cosas pueden hacerse de manera diferente.
Una convicción frente al poder
La trayectoria de Alejandra Morales permite comprender que la vocación política no siempre se construye a partir de una aspiración al poder. En su caso, el punto de partida se encuentra en una historia familiar de trabajo, participación comunitaria y arraigo territorial. Su paso por las instituciones le permitió conocer los mecanismos de la administración pública, pero también enfrentar contradicciones que terminaron por modificar su relación con las estructuras políticas tradicionales. La decisión de alejarse del servicio público y, posteriormente, competir como candidata independiente refleja una trayectoria marcada tanto por la continuidad de sus convicciones como por las rupturas que ha considerado necesarias.
Sus declaraciones sobre el funcionamiento de determinados grupos políticos en San Nicolás abren una dimensión que trasciende el testimonio personal y plantea preguntas sobre las prácticas internas del poder local. Se trata de señalamientos que corresponden a su experiencia y que requieren contrastarse con otras fuentes para establecer responsabilidades o hechos verificables. Al mismo tiempo, su relato muestra cómo las experiencias personales pueden influir en la manera de entender las instituciones, particularmente, cuando la participación política implica costos familiares, profesionales o sociales.
Para Alejandra Morales, el servicio público conserva un significado asociado con las enseñanzas recibidas durante su infancia: reconocer las necesidades de los demás y actuar cuando existe la posibilidad de contribuir. Entre el desencanto con determinadas prácticas políticas y su regreso a las responsabilidades institucionales, sostiene una idea que atraviesa su historia: La política puede aspirar a ser diferente, pero su verdadera medida está en la congruencia entre los principios que se defienden y las decisiones que se toman.
Resumen y contexto
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Alejandra Morales: El poder de pensar diferente “La política no tiene que ser como yo la conocí” De las calles de San Nicolás de los Garza a las responsabilidades del servicio público estatal, Alejandra Morales ha construido una trayectoria marcada por la vocación social, las rupturas con las estructuras tradicionales del poder y una convicción que mantiene vigente: la política puede ejercerse de otra manera. En entrevista con Sufragio, habla de sus orígenes, de las decisiones que cambiaron su carrera y de los principios que orientan su vida pública. Una…










