Chihuahua como laboratorio: cuando la narrativa importa más que los números
Por: Helios Ruíz
El sábado 16 de mayo, Chihuahua se convirtió en escenario de algo que en la política mexicana ocurre con más frecuencia de lo que se reconoce: una batalla que no se libró en las calles, sino en el relato. Dos actores, dos estrategias, y una misma pregunta de fondo que ninguno de los dos respondió del todo bien: ¿a quién le hablas cuando convocas a una marcha?
La dirigencia nacional de Morena, encabezada por Ariadna Montiel, llegó a Chihuahua con una agenda clara: instalar el juicio político contra la gobernadora panista María Eugenia Campos Galván como eje central de su ofensiva tras el operativo en la Sierra Tarahumara donde murieron dos agentes de la CIA y dos mexicanos. El nombre que eligieron para la movilización ya era, en sí mismo, una declaración de principios: “Marcha por la Seguridad de Chihuahua y la Defensa de la Soberanía Nacional.” Soberanía. Seguridad. Patria. Tres palabras con una carga simbólica enorme en el México actual, especialmente en un momento donde la relación con Estados Unidos genera tensiones que resuenan en prácticamente cualquier conversación política.
La narrativa de Morena tenía una lógica impecable en papel. El argumento era poderoso: una gobernadora de oposición que presuntamente permitió la operación de agentes extranjeros en territorio nacional, sin notificar a las autoridades federales, y que luego se negó a presentarse ante el Senado a rendir cuentas. Campos había sostenido que ni gestionó ni autorizó ni supo de la presencia de los agentes estadounidenses, y aseguró haber actuado con legalidad y transparencia. Pero para Morena, esa respuesta no bastaba, y decidió llevar el pleito a las calles. Había un terreno fértil para construir un relato de traición, entrega y complicidad. Lo que falló no fue el mensaje: falló la evidencia que debía respaldarle.
El partido había anticipado una asistencia de hasta 200 mil personas. Al final, la propia dirigencia reportó 20 mil asistentes. Esa brecha entre la expectativa y la realidad no es un dato menor. En comunicación política, los números son también narrativa. Cuando un partido convoca con semejante estruendo y llega apenas una décima parte de lo prometido, el mensaje implícito lo escribe la oposición antes de que el micrófono se apague. Montiel declaró haber marchado “junto a 20 mil valientes chihuahuenses”, subrayando que la entidad vive una crisis de seguridad y es el primer lugar nacional en homicidios. Pero el mismo día circulaban en redes fotografías de autobuses cargados de simpatizantes provenientes de otros estados, lo que abrió otro flanco: el de la autenticidad. Cuando el mensaje es soberanía y el método es acarreo, la contradicción se impone sola.
Ahora bien, el gobierno de Chihuahua tampoco salió limpio del día. La administración panista cerró durante la mañana del sábado los accesos carreteros norte y sur de la capital con dos supuestas manifestaciones de agricultores, para impedir que llegaran personas desde otros municipios, mientras que la secretaria nacional de Comunicación de Morena acusó al DIF estatal de haber llevado personas al aeropuerto para increpar a los dirigentes del partido a su llegada. Asociaciones agrícolas emitieron comunicados rechazando cualquier participación en los bloqueos y subrayando su compromiso con la legalidad, lo que sugiere que la operación fue más improvisada que coordinada. El problema estratégico es evidente: al bloquear las carreteras, el gobierno estatal le regaló a Morena exactamente lo que más necesitaba en ese momento: una narrativa de persecución. Si la marcha hubiera llegado con sus autobuses repletos y hubiera sido recibida en paz, el contraste entre los 20 mil y los 200 prometidos habría sido el titular del domingo. En cambio, Morena pudo hablar de boicot, de miedo, de un gobierno que teme al pueblo.
Hay un principio básico en comunicación de crisis que ambas partes parecen haber ignorado: nunca le des a tu adversario el argumento que no puede fabricarse solo. Maru Campos tenía una posición cómoda.
Era la gobernadora acusada, sí, pero acusada en un estado que no es territorio de Morena, por un hecho cuya responsabilidad estaba lejos de estar probada. Morena sustentó el impulso al juicio político en cinco cargos que incluyen violación a la soberanía, infracción grave a la Ley de Seguridad Nacional y omisión por presunta destrucción de pruebas: una batería de acusaciones que, para prosperar, requiere una mayoría calificada que en este momento el partido no tiene garantizada. La marcha, en ese sentido, era más un ejercicio de posicionamiento que un paso procesal real. Y Campos lo sabía. Pero al activar los bloqueos, convirtió una derrota numérica de Morena en un empate narrativo.
Lo que ocurrió en Chihuahua el 16 de mayo no es una historia de política de seguridad ni de soberanía. Es una historia de comunicación política en su expresión más descarnada. Dos partidos que se disputan un estado estratégico de cara a las elecciones de 2027, usando un incidente real (la muerte de agentes de la CIA en la Sierra Tarahumara) como palanca para construir relatos que les permitan llegar mejor posicionados a la próxima contienda. El problema es que ninguno terminó el día con el mejor argumento posible. Morena llegó prometiendo multitudes y se marchó con cifras que sus propios críticos calificaron de fracaso. El gobierno de Chihuahua resistió la embestida, pero pagó el costo de parecer un aparato de poder usando sus recursos para frenar la protesta ciudadana, legítima o no.
En el fondo, lo que Chihuahua reveló es algo que cualquier consultor político debería tatuar en el escritorio: la narrativa no se construye solo con lo que dices, sino con lo que haces mientras lo dices. Y ese sábado, los dos lados dijeron mucho y se contradijeron solos.
Resumen y contexto
Resumen (clic para ver)
Chihuahua como laboratorio: cuando la narrativa importa más que los números Por: Helios Ruíz El sábado 16 de mayo, Chihuahua se convirtió en escenario de algo que en la política mexicana ocurre con más frecuencia de lo que se reconoce: una batalla que no se libró en las calles, sino en el relato. Dos actores, dos estrategias, y una misma pregunta de fondo que ninguno de los dos respondió del todo bien: ¿a quién le hablas cuando convocas a una marcha? La dirigencia nacional de Morena, encabezada por Ariadna Montiel,…











