La primacía del voto moral en Costa Rica

La primacía del voto moral en Costa Rica

 Cómo la corrupción, los valores y el populismo antisistema definieron las últimas tres elecciones en Costa Rica.

Por: Elliot Coen

Este artículo válida una tesis que he sostenido en diferentes foros en Costa Rica: el comportamiento electoral en las elecciones presidenciales de Costa Rica durante la última década (2014, 2018 y 2022) ha estado predominantemente impulsado por decisiones enmarcadas en la moralidad, no por la deliberación programática tradicional.

El análisis de estos tres ciclos electorales demuestra que un "voto moral" —definido por percepciones de integridad, la defensa de valores culturales o la repulsión populista contra un "sistema"— ha suplantado consistentemente a los ejes tradicionales de campaña, como la economía, el desempleo,  la gestión pública o la seguridad ciudadana.

Este desplazamiento presenta una paradoja aparente. Las encuestas de opinión pública, como las realizadas sistemáticamente por el Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica, OPOL, IDESPO y/o Demoscopia identifican de manera constante que las principales preocupaciones de la ciudadanía son programáticas.

Por ejemplo, en julio de 2014, los problemas más graves del país eran "Costo de vida, situación económica y desigualdad" (24.7%) y "Desempleo" (16.4%). A nivel personal, estas preocupaciones se exacerbaban, con la economía y el desempleo sumando casi el 55% de las respuestas.

Sin embargo, la resolución de esta paradoja es la clave analítica: estos problemas económicos y de gobernanza no funcionaron como vectores de decisión —es decir, los votantes no compararon planes de gobierno para elegir al mejor gerente—, sino como combustible para la indignación moral. El alto costo de vida no condujo a un debate sofisticado sobre política fiscal o monetaria; por el contrario, fue interpretado por el electorado como una prueba fehaciente del fracaso moral, la corrupción y la desconexión de la "vieja élite política".

El marco teórico del "voto moral" postula que la preferencia política se basa fundamentalmente en la coincidencia con los "valores morales" del elector, que a menudo no son racionales ni programáticos, sino "sentimientos positivos o negativos" hacia los actores políticos. Este des anclaje de la política programática explica la alta volatilidad electoral, la creciente fragmentación  y la "disminución del apoyo a los partidos tradicionales" que ha caracterizado al sistema de partidos costarricense desde principios de siglo.

El análisis de los tres ciclos electorales revela una jerarquía de marcos morales en competencia. La volatilidad política de Costa Rica no ha sido solo de candidatos, sino de los propios marcos morales que dominan el discurso público. En 2014, el eje dominante fue Integridad vs. Corrupción. En 2018, este eje fue "secuestrado" y suplantado por un eje cultural/religioso más visceral: Valores tradicionales vs. Progresismo Secular. Finalmente, en 2022, el eje mutó hacia su forma populista más pura: Pueblo vs. Sistema. Este informe trazará la evolución de esta primacía moral.

2014: El mandato moral contra la corrupción sistémica

La elección de 2014, que llevó al poder a Luis Guillermo Solís del Partido Acción Ciudadana (PAC), debe interpretarse no como un simple "voto castigo" basado en el desempeño, sino como la primera gran "ruptura moral" del electorado con el establishment bipartidista.

La victoria del PAC en 2014 no fue un evento aislado, sino la culminación de un proyecto político fundado explícitamente sobre un imperativo moral. El PAC surgió en el año 2000 no como una alternativa programática significativamente diferente del Partido Liberación Nacional (PLN) —de hecho, se describe que "vienen del mismo tronco" —, sino como una escisión moral.

El contexto de su fundación fue crucial. El sistema político estaba manchado por "las condenas de dos expresidentes del PUSC por actos de corrupción y al proceso existente en aquel momento contra otro expresidente del PLN". Esta situación creó una "importante ventana de oportunidad" que Ottón Solís, fundador del PAC, capitalizó para llevar el tema de la "anticorrupción como la primera bandera del PAC". La elección de Solís en 2014 fue, por tanto, la cosecha de esta siembra de más de una década: una "ruptura con el continuismo y la corrupción prevaleciente en la clase política tradicional".

La explicación convencional de 2014 se centra en el "voto castigo" contra la “impopular” administración de Laura Chinchilla (PLN), un análisis basado en la "evaluación retrospectiva" del gobierno. Si bien la impopularidad de Chinchilla fue un factor, un análisis más profundo de los datos académicos revela una dinámica mucho más alineada con la tesis del voto moral.

Un estudio exhaustivo sobre la elección de 2014 (1) modeló los determinantes del voto y llegó a un hallazgo fundamental. Mientras que la evaluación retrospectiva sí fue un factor para la pérdida de votos del PLN (el partido gobernante), el estudio concluyó que "no se observó una relación estadísticamente significativa en el caso de los electores del PAC". Específicamente, la probabilidad de votar por el PAC "no guardó relación con la aprobación de la presidenta liberacionista Laura Chinchilla".

Este hallazgo es crucial y confirma la tesis moral. Si el voto fuera puramente programático o basado en la gestión (un "voto castigo" tradicional), se esperaría una correlación directa: a peor gestión de Chinchilla, más votos para la oposición (PAC). La ausencia de esta correlación demuestra que los votantes del PAC no estaban reaccionando simplemente a la mala gestión (un tema tradicional). Estaban emitiendo un voto afirmativo basado en un marco moral alternativo. Su decisión no se basaba en la premisa "Chinchilla lo hizo mal", sino en la convicción de que "El PLN y el PUSC son moralmente corruptos".

Por lo tanto, la elección de 2014 no fue un simple cambio de gestión. Fue la primera victoria electoral contundente de un marco moral (anticorrupción) sobre un establishment desgastado, en un contexto de alta "fragmentación política" y "tensión con la vieja élite política".

2018: La reconfiguración súbita del campo de batalla moral

La elección de 2018 representa el ejemplo más dramático de la volatilidad del eje moral. Demostró cómo un evento externo puede "secuestrar" el marco moral dominante, reconfigurando instantáneamente una campaña, destruyendo a un puntero y elevando a un candidato marginal al poder.

Hasta el último mes de 2017, la campaña presidencial de 2018 se perfilaba como una contienda "tradicional" dentro del nuevo statu quo de descontento. El contexto estaba marcado por la desilusión con el gobierno del PAC y los escándalos de corrupción (como el "Cementazo") que golpeaban a toda la clase política. En este escenario, el candidato del PLN, Antonio Álvarez Desanti, se posicionó como el líder sólido y el "retorno a la normalidad". Se percibía como el “hombre capaz para gobernar Costa Rica.

Las encuestas de ese período reflejaban esta estabilidad. Álvarez Desanti dominaba cómodamente la intención de voto, mientras que Fabricio Alvarado, un diputado y predicador evangélico, era un actor marginal en las mediciones.

Tabla 1: Intención de Voto Presidencial (Pre-Resolución Corte IDH, 2017)

Encuestadora (Fecha 2017)

Antonio Álvarez Desanti (PLN)

Fabricio Alvarado (PREN)

OPol (25-27 Julio)

31.22%

5.83%

CIEP (17-26 Julio)

25.2%

- (No medido/marginal)

OPol (29-31 Agosto)

36.76%

- (No medido/marginal)

OPol (25-28 Sept)

31.54%

5.7%

CIEP (3-11 Oct)

19.6%

- (No medido/marginal)

OPol (27-29 Oct) 14

31.33%

5.01%

Fuente: Datos de sondeos de la elección presidencial de Costa Rica 2018.

El análisis de estos datos muestra un escenario en el que Álvarez Desanti, anclado en la maquinaria tradicional del PLN, lideraba sin amenazas serias. La campaña giraba en torno a los ejes de corrupción y gestión.

El "Cisne Negro": La resolución de la corte IDH (9 de enero de 2018)

El 9 de enero de 2018, a menos de un mes de la primera vuelta (4 de febrero), la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) notificó al gobierno de Costa Rica su Opinión Consultiva OC-24/17 (solicitada por el propio gobierno del PAC), que establecía la obligación del Estado de reconocer el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Este evento actuó como un catalizador que detonó una reacción química en el electorado. Su impacto fue inmediato y total: "acarreó un cambio en el tono de la campaña electoral, provocando que fuera el tema que concentrara la discusión política".

El evento de la Corte IDH no introdujo un eje moral; secuestró el eje moral dominante. El debate público sobre Integridad vs. Corrupción (el eje de 2014 y del caso "Cementazo") fue instantáneamente suplantado por un eje mucho más visceral, primario y poderoso: Valores Religiosos/Familia Tradicional vs. Progresismo Secular/"Ideología de Género".

Fabricio Alvarado (Partido Restauración Nacional), que marcaba por debajo del 6% en todas las encuestas, tuvo la respuesta más rápida, clara e inequívocamente moral. Mientras otras candidaturas analizaban las implicaciones legales, Alvarado lanzó una cruzada.

Su discurso no fue legalista; fue apocalíptico. Se enmarcó como una defensa de la soberanía y la fe, alertando sobre la "degradación moral de la sociedad", la "destrucción de la familia", la "homosexualización de la niñez" y la "pérdida de valores". Su "crecimiento exponencial" en las siguientes "pocas semanas"  lo catapultó de la marginalidad a ganar la primera vuelta electoral con un 24.99% de los votos.

Su movimiento discursivo maestro fue la promesa de "retirar a Costa Rica de la CIDH". Este no fue un simple punto de política exterior; fue la señal de convicción moral absoluta que el electorado conservador-religioso demandaba.

El análisis de la caída de la candidatura de Antonio Álvarez Desanti (el puntero con un apoyo superior al 30% de intención de voto) es un caso de estudio sobre la debilidad de la comunicación en una crisis moral. Antonio Álvarez Desanti enfrentó el dilema del straddle: intentar apaciguar a la base liberacionista que es profundamente conservadora sin alienar al votante urbano progresista. En un momento de polarización moral absoluta, esta ambigüedad le perjudicó.

 En la campaña de Alvarez Desantí no entendieron cual debía ser su polo opositor, fueron “lerdos y ambiguos” en su posición con respecto al tema y dañaron una candidatura que estaba para ganar holgadamente ese proceso electoral.

El análisis de su respuesta pública revela el error estratégico:

  1. El intento de apaciguar: Declaró públicamente su oposición: “No comparto el fallo de la Corte IDH pero los fallos hay que cumplirlos..."
  2. La debilidad: La justificación legalista: En lugar de una condena moral (como Alvarado), Álvarez Desanti optó, como abogado, una posición legalista, criticando la resolución pero aceptándola. Culpó al gobierno del PAC por hacer la consulta "a espaldas del pueblo" y evadir a la "Asamblea Legislativa". En un momento que exigía una declaración de convicción, Alvarez Desanti ofreció jurisprudencia. Respondió a una crisis de valores morales como si fuera un problema de procedimiento legal. Frente al progresismo su reacción fue débil porque no compartió el fallo.

El resultado fue catastrófico. El votante conservador, buscando un defensor de su fe, no percibió convicción en Álvarez Desanti. Migró en masa donde Fabricio Alvarado, el único candidato que ofrecía claridad moral. El votante progresista, por su parte, escuchó "No comparto" y migró a Carlos Alvarado (PAC), quien se posicionó como el defensor de la resolución. Álvarez Desanti, el puntero, colapsó al 18.64%, siendo superado por ambos polos morales.

Esta campaña no supo entender el “humor social” y optaron por una posición legal y no moral. Craso error de percepción que impidió que un candidato que se percibe como “preparado y capaz para gobernar bien” quedara fuera de la segunda ronda.

La falta de identificación del motor de un proceso electoral es el mismo error que esta cometiendo toda la oposición al chavismo en este proceso hacia la presidencia para el cuatrienio 2026-2030.

La Segunda Ronda: un referéndum sobre dos moralidades

La segunda ronda entre Carlos Alvarado (PAC) y Fabricio Alvarado (PRN) consolidó esta polarización. Se convirtió en una batalla explícita entre dos "miedos" morales.

  • La campaña de Restauración Nacional (F. Alvarado) se centró en la "amenaza a la familia y a los valores tradicionales".
  • La campaña de Acción Ciudadana (C. Alvarado) y sus aliados se enfocó en la "amenaza a los derechos humanos" y el peligro del "fundamentalismo religioso".

El resultado final, una victoria contundente de Carlos Alvarado con el 60.66%, no debe leerse como un apoyo al gobierno saliente del PAC. Fue, por el contrario, un voto moral defensivo de la tradición secular y democrática de Costa Rica para "evitar el arribo del movimiento evangélico a la Presidencia".

Irónicamente los progresistas del PAC ganaron con el voto del sector más conservador costarricenses que no podían aceptar que un “pastor evangelista” llegara a la presidencia de Costa Rica.

2022: La Moralidad "Antisistema" como voto absolutorio

El ciclo electoral de 2022 representa la culminación de la tesis del voto moral. En esta elección, la dicotomía moral se desplazó hacia el populismo, demostrando que un marco moral "antisistema" lo suficientemente poderoso puede neutralizar y "absolver" graves pasivos éticos y personales de un candidato.

El "terreno fértil" para el outsider

El período 2018-2022 vio una profundización del "malestar con la política" y el "descontento ciudadano". El gobierno de Carlos Alvarado (PAC) sufrió un desgaste severo, y el sistema político tradicional fue sacudido por nuevos y masivos escándalos de corrupción, notablemente los casos “Cochinilla” y “Diamante”.

Este contexto fue particularmente tóxico para el candidato del PLN, José María Figueres. La encuesta del CIEP de noviembre de 2021 reveló que la "corrupción" se había convertido en el principal problema del país. El Caso “Diamante” implicaba directamente a "cuatro fuertes alcaldes del PLN", y un 66% de los encuestados afirmó que este escándalo influiría "mucho" en su voto.

Para Figueres, quien ya cargaba con el pasivo moral histórico del caso ICE-Alcatel, esta situación fue devastadora. Se consolidó en el imaginario público como la quintaesencia del "sistema" corrupto que el electorado ansiaba castigar.

La dicotomía moral: el "Sistema corrupto" vs. el "Antisistema incorrecto"

La segunda ronda de 2022 presentó al electorado un dilema moral explícito entre dos candidatos profundamente cuestionados:

  1. El "Sistema" (José María Figueres): Representante de la corrupción histórica (ICE-Alcatel) y la corrupción presente (Caso Diamante) de los "partidos tradicionales".
  2.  El "Antisistema" (Rodrigo Chaves): Un outsider con un "discurso antisistema" y "populista".

El dilema se agudizaba porque el candidato "antisistema" tenía sus propios y graves pasivos morales: Rodrigo Chaves había sido sancionado internamente por el Banco Mundial por un patrón de "comportamiento impropio" calificado como acoso sexual.

La elección se convirtió en un juicio moral sobre cuál de los dos "pecados" era más grave.

Tabla 2: El Dilema Moral de 2022: Pasivos de los Candidatos y Marco Discursivo

Candidato

Pasivo Moral (Acusación)

Marco Ddscursivo de defensa

Veredicto moral del electorado

José María Figueres (PLN)

Corrupción Sistémica (Casos ICE-Alcatel, Diamante)

(Indefinido/Negación) "Representante del Sistema"

Culpable (Pecado contra la Nación)

Rodrigo Chaves (PPSD)

Acoso Sexual / Conducta Impropia (Sanción del Banco Mundial)

"Ataque del Sistema", "Antisistema", "Anticorrupción", "Populista"

Absuelto (Pecado Personal, secundario a la Misión Antisistema)

El resultado de la elección demostró cómo el discurso populista de Chaves reencuadró exitosamente el dilema moral. Chaves se presentó a sí mismo como un "salvador" con la misión de destruir al “villano": los "partidos tradicionales" corruptos, “la prensa canalla” y la "élite económica poderosa"

El electorado se enfrentó a dos candidatos moralmente cuestionados y estableció una jerarquía moral clara:

  1. La falta de Figueres (corrupción) fue enmarcada como un pecado público: uso indebido de fondos públicos, traición a la confianza de la nación, un vicio irremediable del "sistema".
  2. La falta de Chaves (acoso sexual) fue enmarcada por su campaña como un pecado personal o, más eficazmente, como un ataque político fabricado por ese mismo "sistema" corrupto (incluyendo a los medios de comunicación) para detener su cruzada moral.

La conclusión es ineludible: en 2022, el electorado costarricense juzgó que la corrupción sistémica (representada por Figueres) era un vicio moral más grave e irremediable que la conducta personal impropia (de Chaves). El "discurso antisistema" actuó como una absolución moral. El electorado no votó por Chaves a pesar de sus faltas; votó por él porque su misión moral (destruir el "sistema" de Figueres) se consideró más importante y urgente.

El análisis de los ciclos presidenciales de 2014, 2018 y 2022 confirma de manera robusta la tesis de que el voto en Costa Rica se ha desplazado de un eje programático a un eje moral volátil.

  • En 2014, la elección fue definida por el eje moral Integridad vs. Corrupción, un marco que se demostró desacoplado de la simple evaluación retrospectiva de la gestión gubernamental.
  • En 2018, la elección fue secuestrada por el eje moral Valores Religiosos vs. Valores Seculares, demostrando la fatalidad estratégica de la ambigüedad (el Error estratégico de la campaña de Álvarez Desanti ) frente a la claridad moral de los polos.
  • En 2022, la elección se consolidó en el eje moral Pueblo/Antisistema vs. Establishment Corrupto, demostrando que un marco moral populista lo suficientemente fuerte puede absolver graves pasivos personales (acoso) si se los contrasta con un pecado sistémico (corrupción).

Las preocupaciones programáticas (inseguridad, costo de vida, desempleo, etc.) no han desaparecido; siguen siendo el contexto de la insatisfacción. Sin embargo, en la era de la política moral, estos problemas no se resuelven presentando propuestas técnicas, sino identificando un culpable moral. La política costarricense se ha vuelto menos sobre "qué" se debe hacer y más sobre "quién" es el “malo de la película”.

Para la consultoría en comunicación política, las implicaciones estratégicas son claras:

  1. Dominar el marco moral: La victoria electoral en la Costa Rica contemporánea no depende de tener el mejor plan programático, sino de la capacidad de establecer y dominar el marco moral de la elección.
  2. La claridad sobre la ambigüedad: La caída de un candidato que se percibía como el  ganador como fue el  caso de Álvarez Desanti es la lección estratégica fundamental. En un momento de polarización moral, la ambigüedad, el straddling o el refugio en el legalismo es fatal. La convicción moral (real o percibida) es la moneda de cambio de la nueva política.
  3. La absolución populista: El triunfo de Rodrigo Chaves ofrece la lección más avanzada. Un marco moral "antisistema" creíble y bien ejecutado no solo derrota al oponente; neutraliza y absuelve los propios defectos morales del candidato. El electorado demostrará estar dispuesto a perdonar los pecados personales de un candidato si cree que este está liderando una cruzada moral contra un pecado sistémico.

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