Cinco bosques mesoamericanos, la última línea de defensa para las aves migratorias
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La conservación de las aves migratorias que cada año cruzan el continente depende, en gran medida, de la salud de los cinco grandes bosques mesoamericanos, un corredor biológico estratégico que sostiene hasta el 46% de las poblaciones globales de 40 especies. Un estudio reciente liderado por la Wildlife Conservation Society (WCS) y la Universidad de Cornell advierte que, sin protección efectiva en esta región, escenas emblemáticas como el avistamiento de aves en Central Park podrían verse comprometidas.
La investigación apunta a que la Selva Maya, la Moskitia, Indio Maíz–Tortuguero, La Amistad y el Darién funcionan como nodos críticos para la supervivencia de especies que anidan en Norteamérica, pero pasan la mayor parte del año en Centro y Sudamérica. Especialistas como Anna Lello-Smith subrayan que la conservación no puede abordarse únicamente desde Estados Unidos o Canadá: la relación ecológica es binacional y depende de inversiones transfronterizas.
El análisis se basó en más de 2.000 millones de registros de E-Bird, la mayor plataforma de ciencia ciudadana sobre aves, lo que permitió mapear con precisión los desplazamientos durante las 52 semanas de 2022. Los datos confirman patrones esperados —como la alta concentración de aves en la extensa Selva Maya—, pero también revelan focos de riesgo: Indio Maíz y la Moskitia sufren una presión acelerada por deforestación asociada a ganadería ilegal e incendios, aun cuando sostienen poblaciones clave de especies amenazadas, como la curruca cerúlea o el zorzal americano.
El deterioro del corredor mesoamericano ocurre en paralelo a una tendencia continental alarmante: desde 1970, Norteamérica ha perdido 2.500 millones de aves migratorias. Para los científicos, el mensaje es inequívoco: si no se frena la degradación de estos bosques, la desconexión ecológica entre hemisferios se volverá irreversible. Las aves, recuerdan, son indicadores tempranos de una ruptura más profunda entre los sistemas naturales del norte y del sur.
Fuente: El País

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