El "miedo" puede ser el diferenciador más importante en la segunda vuelta de Argentina



Argentina 

“Prefiero malo conocido que malo por conocer”. La frase la pronunció una mujer que vive en William Morris, un barrio del oeste del conurbano bonaerense, en uno de los focus group que realizó una empresa de encuestas y análisis político para detectar el sentimiento de los votantes que deben decidir, en apenas 15 días, el balotaje. En esas investigaciones surge también que Javier Milei personifica el cambio, mientras que Sergio Massa es de los dos el que ofrece menos incertidumbres.

Son reacciones intuitivas ante una elección que quedó desprovista de elementos y protagonistas que estimulan reacciones positivas. La esperanza fue hace un tiempo largo desplazada por el miedo, un sentimiento que se presenta ante un peligro real o imaginario y que se materializa frente a la obligación de optar por uno u otro candidato.

Más allá de las encuestas que pronostican resultados y tendencias y de los últimos acontecimientos en cada una de las coaliciones que chocarán el 19 de noviembre, dos estudios combinados de Poliarquía, la consultora que lideran Eduardo Fidanza y Alejandro Catterberg, pueden servir para entender el momento que atraviesa la Argentina en la antesala de la batalla final de un agotador año electoral.

El índice de Confianza del Consumidor tuvo en los últimos tres meses una disparada en simultáneo a las medidas anunciadas por el ministro/candidato Massa para mejorar súbitamente los ingresos. Pero en paralelo, el otro índice de Confianza, el que tiene que ver la visión que tiene el ciudadano sobre el desempeño del Gobierno se mantienen en los niveles más bajos de la serie. El consumidor piensa y siente distinto que el ciudadano. ¿Ahora quién de los dos se expresará en las urnas dentro de tres domingos?

Son acertijos que por ahora no tienen respuestas concluyentes y que se alimentan de dichos y hechos en torno a los dos candidatos que competirán en 15 días por la Presidencia. Massa y Milei son finalistas en una carrera de obstáculos y el final está más abierto que nunca, según coincidieron analistas consultados para esta nota.

Massa, como candidato de Unión por la Patria, logró entre miércoles y jueves restablecer el abastecimiento de combustibles. Fue un problema que alteró los nervios de una sociedad castigada por la inflación, entre otros padeceres. El ministro de Economía anunció una batería de medidas destinadas seguir mejorando los ingresos -vía créditos- y se ofreció como la contracara del candidato de La Libertad Avanza en las formas y el fondo. Ofreció reportajes a medios críticos, donde pronunció definiciones con fuerte impacto. “No soy kirchnerista”, fue apenas una de varias frases.

Milei, por su parte, después de días de haber sido relegado por la centralidad de Mauricio Macri, retomó el protagonismo con varios gestos que buscaron matizar la colonización por parte del ex presidente y de Patricia Bullrich de la campaña de cara al balotaje. Insistió con que sólo hubo “apoyo incondicional” y que el pliego de condiciones que leyó la ex candidata no había sido más que un mero manifiesto.

Ambos candidatos tienen por delante el hito más importante de la campaña de cara al balotaje, que es el debate presidencial del 12 de noviembre, que puede servir de trampolín o tobogán. Pero vamos por partes.

Milei y el “factor humano”

En La Libertad Avanza creen que la fiscalización va a ser decisiva para ganar. Confían en que la aritmética está de su lado y desestiman que el “factor humano” de Milei en el tramo final de la campaña pueda comprometer sus chances de éxito. Así lo reconocieron fuentes que conocen al diputado desde hace varios años, antes de consagrarse como político audaz, convocante y, ahora, presidenciable.

“Está nervioso, no se lo ve cómodo con este nuevo discurso, porque no lo representa. Su esencia no es la de alguien moderado. Está haciendo un esfuerzo grande para adaptarse”, aseveró un antiguo consejero que prefirió hablar en reserva. Según su opinión, el líder libertario evidencia las dificultades de adoptar una narrativa que no fue la que lo puso en el balotaje. Ni “cambiar”, ni la defensa de los valores republicanos fueron sus caballitos de batalla en la campaña. Creen, igual, que son situaciones que no llegan a comprometer la victoria.

La necesidad de correrse al centro para reunir los votos que le faltan para ganar el balotaje lo empujó a Milei a hacer un acuerdo con Macri del que sus más cercanos colaboradores todavía no terminan de estimar cuánto sumó y cuánto, eventualmente, le restó de potencia electoral. Lo cierto es que ya no hay motosierras, explosiones, ni sobreexposición de voceros descuidados del impacto mediático de sus declaraciones.

Los libertarios, igual, no quieren distraerse en eso y lo toman ya como un hecho consumado. Apuestan a conseguir del acuerdo con Juntos por el Cambio una prestación invaluable: un ejército de fiscales que les garantice en cada mesa de votación al menos una persona que controle, revise y custodie los votos, y sobre todo, la conformación de los telegramas y las actas. Desde Ushuaia a la Quiaca, desde Villa Libertad a Eldorado o Quitilipi.

“Están peleando las mesas con las actas que les mandamos nosotros. Ellos no tenían fiscales. Un papelón”, contó el miércoles uno de los organizadores de la votación en la provincia de Buenos Aires de Juntos por el Cambio, que empezó a recorrer hace rato los pasadizos que intercomunican a LLA y JxC. En el equipo electoral que trabaja para Milei y que lidera el estratega y consultor político Fernando Cerimedo, admiten un déficit grave en la fiscalización, que esperan revertir con el aporte de JxC tras el pacto con Macri y Bullrich. “No vamos a denunciar fraude, aunque hubo muchas irregularidades. No tenemos forma de demostrarlo. En muchísimas mesas y en escuelas no hubo nadie nuestro”, revelaron en La Libertad Avanza, que llegan confiados en que Unión por la Patria tocó al techo y ellos tienen más chances de sumar que sus rivales.

La cuenta que hacen es simple: Massa obtuvo 37% en las elecciones, Milei consiguió 30% y el 33 por ciento restante estiman que es un voto más afín a la oposición que al oficialismo. No creen que el rechazo a su figura supere al hartazgo con el Gobierno.

Fuente: Infobae 

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